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Se
nos fue con el alba…
ROCÍO JURADO se fue con el alba,
pero como ella misma dijo poco
antes de su fallecimiento: "Si
me voy, no será porque no haya
luchado ". Y a fe que lo hizo.
Toreó al toro de la Vida con
ganas,pero al final se nos fue,
cuando la luna ya se había
escondido.
Los recuerdos se me agolpan en
un tremendo torbellino. La
noticia, aunque esperada,
no ha dejado por ello de
sorprender y de doler.
Y es ahí donde mi recuerdo la
recuerda. Ese día lejano en que
nos conocimos, esa primera vez.
Fue en una Iglesia, con motivo
de la boda de amigos comunes
–concretamente, de la también
cantante SALOME.
Era joven, guapa, exultante de
belleza y pletórica de vida. La
melena, larga y ondulada, al
viento. Pero lo que más me llamó
la atención fueron sus manos
nacaradas, de dedos largos y
finos; manos como palomas, que
yo comparé a otras de una gran
diva: María CALLAS , que, en su
día también me sorprendieron por
su belleza.
Recuerdo cuando ROCÍO me contaba
que su familia, siendo muy
joven, no quería que fuese
artista, y ella, con esa fuerza
y ese tesón con el que nació,
inició una huelga de hambre que
duró poquito, porque su familia
ya vio que tenía muy decidido lo
que quería ser.
Se inició en un “tablao” y el
éxito ya fue suyo. Cine, Teatro,
grabaciones de discos,
actuaciones, recitales por toda
España y América. El público la
adoraba.
A esa primera vez en que nos
conocimos, siguieron muchos
otros encuentros, y también
cuando actuaba, en sus
camerinos, al tiempo que
contestaba a mis preguntas o las
salpicaba con algún comentario
acerca de su hija –por aquel
entonces una niña de unos siete
u ocho años- alabando su
simpatía y su belleza. Era toda
una madraza y le salpicaban los
ojos lagrimitas reprimidas de
emoción cuando hablaba de ella.
Rocío Carrasco, su hija, le ha
devuelto todo ese inmenso amor.
En esos dos años de enfermedad,
su hija ha sido su sombra, al
igual que ORTEGA CANO, su
esposo.
Se casó dos veces. De su primer
matrimonio con Pedro CARRASCO
nació su hija Rocío. Años
después, y tras divorciarse de
su primer esposo, contrajo
matrimonio con el torero Ortega
CANO; quiso aumentar la familia,
y sabiendo lo feliz que eso
haría a su esposo, y a ella
misma,
ambos adoptaron a dos hermanos,
niña y niño: Gloria Camila y
José Fernando, que hasta hoy han
sido siempre como un rayo de luz
para ellos.
Junto con su esposo ORTEGA CANO,
ROCÍO JURADO ha vivido la más
hermosa historia de amor. ! Qué
solo te quedas, ORTEGA CANO !
Ella supo reinventar la Copla, y
sus registros de voz eran tan
enormes que pocas artistas han
podido igualarla. La Copla, las
Saetas y toda esa serie de
canciones que ya formarán parte
de algo único en el panorama
musical.
El éxito la acompañó por donde
fue.
A través de sus canciones,
ROCÍO, podía ser sombra
enamorada o animal herido.
No en vano le dieron el
sobrenombre de “La más grande”.
Pero si grande fue, es y será su
dimensión artística, lo fue,
quizás aun más, la mujer, de una
gran religiosidad y
espiritualidad.
Amó, como decía en su canción,
dejándose la piel en un suspiro.
Fue la suya una vida plena. Amó
y la amaron. Hasta lo indecible.
Hasta la muerte.
ROCÍO JURADO
máximo exponente de la canción,
no sólo en España, sino en toda
América, nos ha dejado.
El mundo de la Cultura se ha
rendido a sus pies. Hace ya
mucho tiempo que calles y plazas
de España llevan su nombre y
ostentan su figura.
Su féretro, que con mucha
dignidad, se mantuvo cerrado, se
expuso en la Casa de la Cultura
de la Villa de Madrid, por donde
pasaron, incesantes, ríos de
familiares, amigos, admiradores;
gente anónima que ha querido
rendirle su admiración y
despedirla;
de allí salió en avión para
Jerez y posteriormente para
Chipiona, lugar donde ella nació
y donde quería ser enterrada.
Crespones negros en los balcones
y tres días de luto en su tierra
natal.
ROCIO, La Chipionera, regresa a
casa…
Fue un placer haberte conocido,
ROCÍO.
De ti recordaré siempre tu
sencillez. La diva, empezaba en
el escenario.
Te fuiste con el alba. Pero no
te llevaste tus canciones, que
quedan entre nosotros.
Hoy ha muerto un mito y ha
nacido una leyenda. |